miércoles, 1 de abril de 2015

Alfredo Hlito | Vida, obra y contexto

[...] Formas enigmáticas

Hacia fines de los años 50, sus investigaciones se centraron en la pincelada. Así, se alejó definitivamente del arte concreto. Desarrolló la serie titulada Espectros, que dio a conocer en la galería Bonino, en 1960. En estas piezas, interrumpidas por franjas luminosas, se cristalizó su técnica basada en la disposición de trazos pictóricos tenues e irregulares.
En 1959, prologó el volumen de Walter Hess, Documentos para la comprensión del arte moderno, de la editorial Nueva Visión.
Luego, en 1962, aparecieron las figuras negras en sus telas; formas densas que antecedieron los lineamientos formales de sus Efigies.
Al año siguiente, y por una década, se instaló con su familia en México, donde su esposa tenía familiares. Trabajó como director del Departamento de Diseño Gráfico de la Imprenta de la Universidad Nacional Autónoma de dicho país. Se sintió más atraído por las antiguas construcciones monumentales que por el muralismo. Sin embargo, no fueron los datos etnográficos los de mayor interés, sino el hecho estético en sí.
Comenzó a pintar sus Efigies, entre las que se hallan Efigie elocuente (1970), Efigie (1978) y Efigie en equilibrio relativo (1991). Conjunto de obras hechas con acrílico, a diferencia de las anteriores pintadas con óleo. “Quería hacer grandes formas, muy consistentes, muy sólidas, casi corpóreas. Ya estaba harto de una pintura en la que las cosas flotaban en una especie de atmósfera”. [16]
Monumentalidad, solidez y disposición vertical son algunas de las cualidades de estas imágenes con las que Hlito eludía todo elemento superfluo mediante una suerte de extraña figuración. El propio artista iba a indicar: “Las Efigies son mis figuras, es decir, entidades que poseen una realidad supuesta y que se destacan sobre un fondo o luchan con él […]”. [17]
En 1969, hizo una exposición retrospectiva en la Sala Internacional del Palacio de Bellas Artes de México. También prologó el libro Punto y línea sobre el plano, de Wassily Kandinsky, publicado por Nueva Visión.
En ese país, empezó su colección de Simulacros, constituida por composiciones lineales abiertas, pensadas como paisajes indivisibles.
En 1973, regresó con su familia a Buenos Aires y dos años después, formó parte del envío argentino a la XIII Bienal de San Pablo, curado por Roberto Del Villano.
A fines de los 70, surgieron los cuadros titulados Iconostasis, en estos convirtió en íconos a sus propias efigies para disponerlas en estructuras geométricas.
De esta manera, Efigies, Simulacros e Iconostasis fueron los temas que lo ocuparon hasta su muerte, plasmados en simples metáforas de su propia convicción: “Pintar es una forma de decir”. [18]
Cabe destacar que luego de sus aportes en Nueva Visión, Hlito continuó desarrollándose en la escritura. Algunos de sus textos fueron publicados en revistas, y revelaron su precisión como pensador y ensayista. Muchos de ellos se encuentran compilados en Escritos sobre arte (selección de Sonia Henríquez Ureña de Hlito, Buenos Aires, Academia Nacional de Bellas Artes, 1995) y Dejen en paz a la Gioconda (Buenos Aires, Ediciones Infinito, 2007).
Los años ochenta serían tiempos de establecimiento y reconocimiento para este artista. Los diversos premios recibidos a lo largo de esta década iban a dar cuenta de su consagración definitiva: Diploma al Mérito en Pintura no figurativa (Fundación Konex, 1982), Premio Rosario (Fundación Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, 1983), Premio Di Tella a la Artes Visuales (1985), Premio Consagración del Ministerio de Educación y Justicia (1989), Premio en Pintura, Quinquenio 1982-1986 (Fundación Konex, 1992).
En 1983 Hlito fue nombrado Miembro de número de la Academia Nacional de Bellas Artes.
El MNBA llevó a cabo una importante retrospectiva en 1987. Dos años más tarde volvió a formar parte del envío argentino a la Bienal de San Pablo, curado esta vez por Patricio Lóizaga.
En 1992, presentó una selección de trabajos en la galería Nobert de Ginebra. Al año siguiente, en el mes de marzo, inauguró una muestra individual en la galería Ruth Benzacar de Buenos Aires. El 28 de ese mismo mes falleció, a la edad de 70 años.
No solo como representante de la vanguardia, sino también como intelectual y esteta, Hlito fue releído a lo largo de los años noventa; momento en que algunos pintores retomaron ciertos postulados de la abstracción concreta. Actualmente, es revisado también por las generaciones emergentes, que lo consideran como aquel que “pintó todo” y que “nunca encontró afecto en lo fácil”. En palabras de Joaquín Boz, “Hlito es enigma. Podemos verlo hoy, surcando la tierra de la pintura”. [19] [...]


NOTAS

[16] Hlito, Alfredo, en: Lóizaga, Patricio, “Las vanguardias ya no existen”, Cultura, año IV, núm. 22, Buenos Aires, septiembre-octubre, 1987.
[17] Hlito, Alfredo, “Diderot y las complicaciones de la pintura”, Horizontes, año II, núm. 5, Buenos Aires, agosto-septiembre de 1979.
[18] Hlito, Alfredo, “De las metáforas”, Correo de Arte, año III, núm. 8, agosto de 1979.
[19] Boz, Joaquín, “Una pintura hecha con pólvora”, Página 12, Radar, Buenos Aires, 5 de octubre de 2014.

Fragmento del ensayo: "Alfredo Hlito. Vida, obra y contexto".
El texto completo se encuentra publicado en: Alfredo Hlito, colección Pintores Argentinos, Buenos Aires, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, 2015, pp. 12-28.

Imprimir artículo